Las cinco razas autóctonas de la ganadería de Ibiza que hay que proteger

Desde 2008 existe la Federación Pitiusa de Razas Autóctonas (Fepira), que trabaja para evitar la extinción de la ganadería de variedades locales, ya que forman parte del patrimonio cultural y gastronómico de Ibiza y Formentera. La componen cinco asociaciones de criadores dedicados a la oveja, la cabra, la gallina, el conejo y el cerdo ibicencos, que son variedades únicas del archipiélago y que conforman un producto culinario de extraordinaria calidad, que nos vincula con el pasado de la isla.

El cerdo ibicenco, de piel negra y rasgos diferenciados, se está recuperando de su práctica extinción, gracias a la conservación de una pequeña población que aún existía en Formentera a principios de este siglo. Esta variedad de cerdo jabalí, que proporcionaba embutidos, tocino y magro a los hogares, se cree que fue introducida en los siglos XVII o XVIII. Vuelve a criarse desde 2008, cruzando machos con hembras de raza negra mallorquina, que genéticamente es la más parecida. Cinco fincas ( 4 en Ibiza y 1 en Formentera) se dedican a su crianza, con el objetivo de recuperar esta raza, que proporciona una carne exquisita que recuerda a la del cerdo ibérico.

La oveja ibicenca es un animal entroncado con el ganado ovino del Mediterráneo Occidental, aunque con unas características muy específicas. Ha estado presente en las casas ibicencas desde hace muchos años, al proporcionar carne y leche. Lamentablemente, se halla en grave peligro de extinción debido a la introducción durante el siglo pasado de otras razas foráneas más productivas. Se trata de un animal muy rústico, perfectamente adaptado a las condiciones de la isla y de elevada resistencia a las enfermedades.

La cabra ibicenca ha estado presente en las explotaciones rurales, a menudo, en manadas mixtas con ovejas. Históricamente, han proporcionado cabritos para el consumo y leche destinada a la elaboración de quesos, muy apreciados entre la población. Es un animal también muy resistente, que aprovecha para su alimentación cualquier vegetal a su alcance. Su tamaño es medio y su coloración muy cambiante.

La gallina ibicenca se diferencia claramente del resto de variedades de Balears, mostrando una influencia del tronco atlántico sobre el tronco mediterráneo, ya que son más pesadas y con la cresta más pequeña. Ha constituido un elemento esencial, aportando carne y huevos a la dieta de los ibicencos durante siglos. Estos últimos tienen el caparazón de color crema y su peso ronda los 65 gramos.

El conejo payés es el único autóctono de Balears. Su presencia en las casas es muy antigua, donde ha sido capaz de sobrevivir. Es de fácil mantenimiento y la fertilidad de las madres es elevada, favoreciendo una producción de carne de gran calidad que tradicionalmente se ha destinado al consumo casero. Son animales de cuerpo robusto y redondeado, de talla mediana.

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