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07 mar Cigala, otro marisco espectacular del mar de Ibiza

Fuera de la isla, la cigala (Nephrops norvegicus) es un alimento muy típico de la Navidad, época en que alcanza cotizaciones elevadísimas en los mercados de alimentación. Se trata de un tipo de marisco escaso en muchos caladeros del Cantábrico y el Atlántico, mientras que en las Pitiüses se mantienen estables por el cuidado de los pescadores, que lo capturan de manera muy controlada.

Los clientes asiduos a Es Torrent a menudo ven cómo salen de la nuestra cocina bandejas de cigalas cocinadas a la plancha, partidas por la mitad. No les hace falta nada más que un punto de sal, ya que su sabor es muy concentrado. También solemos incorporarlas a las paellas, conformando su bocado más exquisito junto con la gamba roja.

La cigala, además de por sus propiedades gastronómicas, destaca por ser un marisco sano, ya que tiene pocas calorías y grasas, aportando a la vez proteínas. Eso sí, hay que consumirlo dentro de una dieta variada ya que contiene colesterol y purinas. También posee calcio, fosforo y potasio, tres elementos indispensables para la buena salud de los huesos y el sistema nervioso, así como yodo, lo que las hace especialmente recomendables para los niños.

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Su forma y propiedades recuerdan a la langosta, aunque a menor tamaño. Las cigalas, de hecho, pesan entre 15 y unos pocos cientos de gramos, y miden hasta 20 centímetros, aunque las de mayor tamaño son muy difíciles de ver en las Pitiüses. El cuerpo de este crustáceo, de color anaranjado o rosáceo, destaca por su abdomen alargado, estrecho y de menor robustez que otras especies de la misma familia. Su primer par de patas es largo, con pinzas grandes. Sus ojos, de córnea negra e hinchada, también llaman la atención.

Son animales noctámbulos y solitarios, que salen a cazar con la oscuridad. Viven en fondos arenosos de hasta 800 metros de profundidad, donde perforan galerías para establecer sus madrigueras. Les gusta alimentarse de gusanos poliquetos, peces muertos y otros moluscos. En el Mediterráneo, la época del desove va de julio a febrero. Tras nacer, las crías tardan unos dos años en alcanzar la edad adulta. Quien no haya probado el sabor de las cigalas frescas de Ibiza no sabe lo que se pierde. ¡Buen provecho!

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