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19 oct Tradición gastronómica de Todos los Santos, el ‘Halloween’ de Ibiza

Ya se aproxima el 1 de noviembre, festividad de todos los santos y fiesta nacional en España. La fiesta de difuntos en Ibiza se celebra de una forma especial, como en todo el país y en otras muchas partes del mundo –véase Halloween en Estados Unidos, cuyo espíritu carnavalesco también se ha introducido en Europa, o el famoso Día de los Muertos mexicano–.

En las islas Pitiüses, la tradición que rodea la noche de difuntos está muy vinculada a la gastronomía. Antiguamente se celebraba la víspera (31 de octubre) y los dos días siguientes. Para ese día, las familias adecentan los cementerios y ponen flores frescas a los difuntos. Según la tradición, la víspera del 1 de noviembre era el día en que los espíritus de los fallecidos regresaban a casa para compartir esa jornada con los suyos.

La tradición marca que ese día todos se reúnen en torno a la mesa y celebran “Sa trancada”, una degustación de frutos secos, con almendras, piñones y nueces, que se abren al momento. También se sirven frutas de temporada, especialmente granadas, y los higos que se han secado al sol en el mes de agosto. La repostería tiene, asimismo, un gran protagonismo. El dulce más tradicional de estas fiestas son los ‘panallets’, una bola de mazapán horneada que por fuera se decora con piñones o almendras.

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Tampoco faltan los tradicionales buñuelos ibicencos, que en algunas casas se preparan con patata y en otras con calabaza. La costumbre determina que al acabar de cenar la mesa no se recoge, sino que se deja para que los espíritus, si tienen apetito, también disfruten del festín como el resto de la familia. Antiguamente incluso se ponía un plato para ellos a la mesa y se dejaba encendida una lámpara de aceite toda la noche. En algunas casas también colocaban velas por el exterior, a veces dentro de calabazas, para ayudarles a encontrar el hogar.

En Mallorca, asimismo, es muy típico que los padrinos y las madrinas obsequien a sus ahijados y ahijadas con un rosario dulce, cuyas cuentas se sustituyen por caramelos o frutas escarchadas. Por proximidad, esta tradición también se sigue en algunas casas de la isla.

Los niños, antiguamente, incluso tenían su propia versión del famoso “truco o trato” en algunas zonas pitiusas. Iban a las casas, llamaban a la puerta y preguntaban: “No hi ha res per ses ànimes” (no hay nada para las almas). Entonces les solían responde: “Ni menos per els cossos” (ni tan siquiera para los cuerpos), a lo que los niños contestaban: “Mal t’he caiga es cul a trossos” (espero que se te caiga el culo a trozos), y todo eran risas.

Resulta sorprendente, con lo extenso que es el mundo y los océanos que nos separan, que existan tradiciones tan parecidas en tantos lugares.

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